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ARTÍCULO ORIGINAL
Rev Psicol Hered. 2020; 13(1): 1-11-11
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Universidad Peruana Cayetano Heredia. Lima, Perú.
Relación entre inteligencia emocional y riesgo
de adicción a redes sociales en estudiantes de
educación superior no universitaria de Lima
Metropolitana
Relationship between emotional intelligence and risk of social networking addiction in technical higher
education students from Lima
Alejandra Jóse Rivera-Véliz
1
, Elizabeth Dany Araujo-Robles
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RESUMEN
El objetivo fue identicar la relación entre la inteligencia emocional y el riesgo de adicción a las redes sociales en
un grupo de estudiantes de un instituto de educación superior no universitaria de Lima. El estudio se realizó en 150
estudiantes de entre 16 y 27 años. Se utilizaron el Trait Meta-Mood Scale 24 y el Cuestionario de Adicción a Redes
Sociales (ARS). La correlación entre las puntuaciones globales fue baja y no signicativa (r
s
=-,04; p=,625), pero
se hallaron correlaciones negativas entre claridad emocional y reparación emocional con indicadores de obsesión
por las redes sociales. En cambio, la atención emocional correlacionó positivamente con indicadores de falta de
control y uso excesivo de las redes sociales. Estos resultados apuntan a la conclusión de que la claridad emocional
y la reparación emocional son componentes fundamentales de la inteligencia emocional, denida como habilidad,
en tanto que la atención emocional está relacionada no propiamente con la habilidad de auto-monitoreo emocional,
sino más bien con la tendencia a realizar este auto-monitoreo, en particular en individuos con malestar emocional.
PALABRAS CLAVE: inteligencia emocional, adicción a redes sociales, estudiantes.
SUMMARY
The objective was to identify the relationship between emotional intelligence and risk of social network addiction
in a group of students from a technical higher education school from Lima. The sample was constituted by 150
students aged 16 to 27 years. The Trait Meta-Mood Scale 24 and the Questionnaire of Social Networking Addiction
were used. The correlation between the full scores was low and not signicant (r
s
=-.04; p=.625), but negative
correlations between emotional clarity and emotional repair with indicators of obsessions for the social networking
were found, as well as positive correlations between emotional attention with indicators of lack of control and
excessive use of social networking. These results lead to the conclusion that emotional clarity and emotional repair
are fundamental components of emotional intelligence, as an ability, whereas emotional attention is not mainly
related to an ability to self-monitoring one´s emotional states, but to a propensity to carry on this self-monitoring,
particularly in individuals with emotional discomfort.
KEY WORDS: emotional intelligence, social network addiction, students.
Rev Psicol Hered. 2020; 13(1): 1-11
DOI: https://doi.org/10.20453/rph.v13i1.3848
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ARTÍCULO ORIGINAL
Rivera-Véliz y Araujo-Robles
Relación entre inteligencia emocional y riesgo de adicción a redes sociales
en estudiantes de educación superior no universitaria de Lima Metropolitana
Rev Psicol Hered. 2020; 13(1): 1-11
INTRODUCCIÓN
El desarrollo de nuevas tecnologías comunicativas
ha permitido que en distintas sociedades las personas
resuelvan diversos problemas cotidianos de manera
rápida, lo cual es muy notorio en la población joven,
que cuenta con una mayor facilidad para su empleo.
Entre esas tecnologías destacan las redes sociales,
las cuales son consideradas como espacios virtuales
que hacen posible la interacción con otras personas
(Echeburúa & Requesens, 2012). Según datos de
IPSOS (2018), el 54% de la población peruana son
usuarios de redes sociales; por su parte el Instituto
Nacional de Estadística e Informática [INEI] (2018)
informó que entre los jóvenes de 17 a 24 años de Lima,
la frecuencia diaria en uso de internet, incluyendo el
uso de redes sociales, ha aumentado signicativamente
en los últimos años, en un 48 % desde el 2010 hasta
2018. Este incremento en el uso de internet se puede
deber a diversas causas, siendo la principal la conexión
constante a las redes sociales, seguida de acceder a
información académica o profesional y para realizar
actividades de entretenimiento (Fowks, 2017).
La participación en las redes sociales posibilita la
apertura a un grupo social amplio y diverso, según lo
menciona Cruz (2017), y genera mayores oportunidades
para expresar ideas y emociones. Sin embargo, el uso
de las redes sociales puede volverse disfuncional.
Algunas personas pueden buscar en las redes sociales
una compensación frente a la insatisfacción debida
a una pobre comunicación familiar y el hecho de no
tener amigos (Echeburúa & Requesens, 2012). El uso
excesivo, en algunos casos, puede conducir además a
un proceso adictivo. Un empleo de las redes sociales
que puede considerarse como adictivo se caracteriza
por un uso excesivo, falta de control e indicadores
de abstinencia (ansiedad, irritabilidad, depresión) y
de tolerancia (aumento de tiempo en el uso de ellas
para producir el mismo efecto emocional), así como
por afectar de manera negativa en la vida diaria de la
persona (por ejemplo, deteriorando la relación con
familiares y amigos) y el rendimiento académico o
laboral (Andreassen, 2015; Chóliz & Marco, 2012;
Echeburúa & De Corral, 2010; Kuss & Grifths,
2011).
Con base en la denición de adicción a sustancias
en el manual DSM-IV y lo referido por Escurra
y Salas (2014), se entiende como adicción a las
redes sociales un patrón desadaptativo de consumo
de redes sociales que conlleva un deterioro o un
malestar clínicamente signicativo, manifestado por
la preocupación constante en los sucesos en las redes
sociales, la incapacidad para regular la cantidad de
tiempo conectado en redes sociales, el descuido en
otras actividades de importancia debido a ello, y el
uso excesivo de tiempo en redes sociales. La presencia
de estos indicadores puede considerarse como una
medida del riesgo de adicción a las redes sociales. En
la construcción de un cuestionario para medir tales
indicadores, Escurra y Salas (2014) determinaron que
los mismos se agrupaban en torno a tres factores:
1. Obsesión: Implica pensamientos constantes en
torno a conectarse a las redes sociales y los
sentimientos de ansiedad o desasosiego
experimentados cuando no se está haciendo uso de
éstas.
2. Falta de control personal: Se reere a la
preocupación por el tiempo destinado a estar
conectado y por las actividades que se descuidan a
causa de las redes sociales.
3. Uso excesivo de las redes sociales: Corresponde a
la dicultad para limitar el tiempo de permanencia
en estar conectado a las redes sociales.
Los estudios realizados en el Perú en escolares y
universitarios revelan en general niveles bajos en estos
indicadores. Araujo (2016) tuvo como muestra a 200
estudiantes de diferentes carreras de una universidad
de Lima. Como resultado se obtuvo en promedio
bajos niveles en las tres dimensiones, pero los varones
tuvieron puntajes más altos que las mujeres en el
aspecto de obsesión por las redes sociales. Padilla
y Ortega (2017), en una muestra de estudiantes de
la carrera de psicología de una universidad de Lima
obtuvieron niveles bajos y moderados de indicadores
de adicción a redes sociales.
En una condición de dependencia, y de modo
análogo a lo que sucede con el abuso de sustancias,
el uso excesivo de las redes sociales constituye una
forma de “liberación emocional” frente al estrés, la
ansiedad y la depresión. Las personas con este tipo
de dependencia muestran diversos indicadores de
malestar psicológico (e. g., Caplan & High, 2011;
Echeburúa & De Corral, 2010; Grifths et al., 2014),
es decir, un patrón emocional desadaptativo (Charro
et al., 2012). Padilla y Ortega (2017) hallaron en una
muestra de estudiantes universitarios en Lima una
relación signicativa entre sintomatología depresiva
y las dimensiones de adicción a redes sociales. Otro
estudio mostró que la adicción a las redes sociales y
a internet está positivamente relacionada con rasgos
como el neuroticismo, la ansiedad social y el apego
ansioso y negativamente asociada con autoestima
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(Peris et al., 2018). Por otro lado, Delgado et al. (2016)
en una muestra de 1405 estudiantes de una universidad
pública y una particular de Lima Metropolitana
encontraron que quienes cuentan con habilidades
sociales, posiblemente no se caractericen por tener una
adicción a redes sociales.
Se ha observado que, en algunos casos, el
propio medio familiar puede propiciar condiciones
que podrían derivar en un uso adictivo de las redes
sociales. Por ejemplo, Haro (2018) encontró en
estudiantes y egresados universitarios de Lima, que
una familia exible y receptiva a la comunicación
virtual, puede tener gran apertura al uso frecuente de
las redes sociales, y, por ende, ocasionar en los jóvenes
una obsesión por su uso (pensamientos recurrentes).
Por ello, como estrategias de prevención, según
Ramón-Cortés (2010), los padres deben enseñar a sus
hijos a modular el uso de las redes sociales, deben
ayudarlos a que desarrollen habilidades comunicativas
y sociales cara a cara, además de limitar el tiempo de
uso de la tecnología, fomentar la relación interpersonal
con otros, potenciar aciones como arte o lectura,
estimular el deporte y otras actividades recreativas,
así como la comunicación entre los miembros de la
familia y desarrollar actividades grupales. Es también
importante fortalecer el autoconcepto, desarrollar la
capacidad de resolución de problemas e informar a los
jóvenes sobre las nuevas tecnologías y la peligrosidad
de compartir datos personales en ellas (Echeburúa &
De Corral, 2012).
Una situación de dependencia o de riesgo frente
a la dependencia de las redes sociales podría
comprenderse desde la perspectiva de la teoría de la
inteligencia emocional. Cuando un individuo cuenta
con un adecuado nivel de inteligencia emocional,
se caracteriza por tener habilidades personales,
emocionales y sociales que le van a permitir la
adaptación y el enfrentamiento exitoso a demandas
del contexto, brindándole bienestar general y
salud emocional. Una persona que se encuentra
permanentemente pendiente de las redes sociales
y descuida otros ámbitos signicativos de su vida
puede tener en baja medida algunas habilidades que
forman parte de la inteligencia emocional, como
es la capacidad de regulación de estados afectivos
negativos (Echeburúa & De Corral, 2010). Por ende,
tal individuo posiblemente cuenta con menos recursos
personales y emocionales para afrontar en forma
efectiva los problemas cotidianos.
Salovey y Mayer (1990) y Mayer & Salovey
(1992) denieron a la inteligencia emocional
como la capacidad de identicar, manejar y
regular emociones, tanto propias, como de otros,
incluyendo procesos de dirección a nivel emocional,
de pensamiento y comportamental, lo que permite
una adecuación efectiva a las metas personales y a
las demandas ambientales. Asimismo, representa
el metaconocimiento de los estados y las destrezas
emocionales de la persona a través de diversas
actividades, que se maniestan mediante la atención
a las propias emociones y los sentimientos, la claridad
y reparación de las emociones. Para Mayer y Salovey,
la inteligencia emocional, al menos como ellos la
denen, contiene todos los requisitos para considerar
que se trata de una verdadera inteligencia (Mayer et
al., 1999). No obstante, se trata de una inteligencia
que correspondería a un nuevo grupo de inteligencias,
a las que Mayer y Salovey denominan “calientes”,
por su impacto en la vida diaria de las personas y que
usualmente han sido ignoradas como objeto de estudio
en el campo tradicional de la inteligencia (Mayer et
al., 2012).
Dada su naturaleza, el contar con bajos niveles de
inteligencia emocional puede conllevar la presencia
de problemas psicológicos e interpersonales (e. g.,
Petrides et al., 2016). Por ejemplo, un estudio de
Beranuy et al. (2009) muestra que los componentes
de atención, claridad y reparación explican parte de
la varianza de indicadores de malestar psicológico
(medidos con la SCL-90). Por otro lado, se considera
también que un eciente control emocional, como
el que puede ser provisto por adecuados niveles
de inteligencia emocional, es un importante factor
preventivo frente a problemas conductuales, tales
como un patrón adictivo (e. g., Shulman et al., 2016).
En función de lo señalado, se considera que un
mayor nivel de indicadores de riesgo de adicción estará
asociado a un nivel menor en inteligencia emocional.
Sin embargo, no hay una completa consistencia en
los resultados de los estudios acerca del papel de la
inteligencia emocional en las adicciones tecnológicas.
Por ejemplo, Van Deursen et al. (2015) no detectaron
relaciones entre la inteligencia emocional y la
adicción al smartphone, en cambio Vegue (2016)
halló una asociación entre inteligencia emocional y
“uso problemático” del smartphone. Por otro lado,
Che et al. (2017) encontraron que la inteligencia
emocional, al menos en parte, está negativamente
asociada con la adicción al juego online. En un estudio
de Yudes et al. (2019) en adolescentes españoles, se
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en estudiantes de educación superior no universitaria de Lima Metropolitana
Rev Psicol Hered. 2020; 13(1): 1-11
hallaron correlaciones negativas entre indicadores
de inteligencia emocional (medidos con la escala de
Wong y Law) y adicción a internet; estas correlaciones
fueron bajas y no signicativas en varones pero más
altas